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Uso en organizaciones

El uso de tecnologías digitales en organizaciones de todo tipo está tan normalizado como su uso de forma individual. Podría parecer que si tienes una buena cultura de autodefensa digital de forma individual, también la tienes de forma colectiva. Pero no es así: de forma colectiva es mucho más importante. ¿Por qué? Porque no te expones solo tú, sino que expones (y te exponen) a las demás personas que integráis la organización. Más aún, expones la propia causa de la organización.

Si a nivel individual ya vimos que estamos expuestos, y que hay individuos y otras organizaciones interesadas en obtener información de nosotros que no queremos compartir, a nivel colectivo ocurre lo mismo.

Por un lado, todas las personas que la integran van a ser objetivos potenciales por los mismos motivos que lo somos cada uno de nosotros de forma individual. Por otro lado, dependiendo de la razón de ser de la organización y de la fuerza que tenga, habrá distintas organizaciones contrarias a vosotras, reaccionarias a vuestros propósitos. Dependiendo de cuánto incomodéis a esas organizaciones y de los medios que tengan, intentarán obtener información sobre vosotras, y una forma de hacer esto es a través de las tecnologías digitales. Pongamos varios ejemplos: No corre el mismo riesgo una organización ecologista concienciada con el mantenimiento de la playa de su ayuntamiento que una que va en contra de los intereses de una multinacional con mucho poder político como ALTRI, que un sindicato que esté en lucha contra una gran empresa de la ciudad, que una organización de inquilinas y afectadas por la hipoteca que cuestione la mercantilización de la vivienda, o que una organización por la liberación de Palestina en la costa oriental del Mediterráneo. La primera puede que nunca sufra un ataque. La segunda probablemente sea espiada para obtener información de las movilizaciones y del discurso para anticiparse y sacar sus posturas en los medios de comunicación, o incluso usar esa información para intentar crear divisiones. La tercera podría sufrir ataques de la empresa contra la que están en lucha, y no sería la primera vez que sindicalistas acaban con problemas legales por culpa de información de la organización que acabó en manos de quien no debía. La cuarta, en vista a los recientes casos, una organización muy poderosa intentará no únicamente hacer ataques digitales, sino infiltrar personas: el Estado. En la última, un fallo puede costar la vida de muchas personas.

Con todo, no podemos olvidar que la organización puede integrar personas con diversos conocimientos, tiempo y habilidades para el cambio. Cada organización debe sopesar qué tan fácil es usar tecnologías digitales más seguras (o usar menos tecnologías digitales en general), valorando los beneficios, los riesgos y el esfuerzo.

En los apartados anteriores vimos diferentes alternativas para las comunicaciones, el almacenamiento de datos o el trabajo en documentos de forma colaborativa, entre otras. Este apartado lo enfocaremos a servir de guía para que cada organización reflexione sobre para qué y cómo quiere usar la tecnología digital, y que sea consciente de sus riesgos.

Las comunicaciones

A la hora de decidir los canales de comunicación de la organización, tanto con el exterior (redes sociales o página web) como internamente, debe pensarse en qué tipo de información queremos transmitir, a quién y, sobre todo, qué información vamos a estar comunicando sin nosotros quererlo. Hay que recordar que, sobre todo a través de los canales privados, lo que transmitimos por la red siempre va a dejar un rastro imposible de eliminar. Por eso, además de ser cuidadosas con lo que transmitimos, debemos usar, dentro de las posibilidades de la organización, canales seguros como vimos en los otros apartados.

Debemos valorar qué cosas pueden ser comprometedoras si las comunicamos digitalmente. Quizás podamos comunicarlas presencialmente. Además, debemos proteger la identidad de las personas que no quieren ser expuestas o no tienen por qué ser expuestas, y no dejar constancia de información sacada de contexto. Por ejemplo, podemos usar grupos de mensajería en los que no se compartan los números de teléfono, evitar sacar capturas de pantalla de fragmentos de conversaciones y enviarlos a otros grupos, mandar números de teléfono por grupos cuando únicamente lo necesita una persona, mandar fotos de DNIs u otra información personal, entre otros. Algunas de estas prácticas ya no es solo que disminuyan la soberanía digital de la organización, sino que además van en contra de la Ley General de Protección de Datos.

Por último, aunque parezca evidente, debemos tener claro con qué personas estamos compartiendo la información. Si publicamos algo en una web, debemos ser conscientes de que lo que publicamos tiene que ser algo que queremos que conozca cualquier persona que la visite. De igual forma, si tenemos un grupo privado porque por ahí mandamos información que no queremos que salga del interno, debemos ser cuidadosas con las personas que aceptamos en los grupos de comunicación. Recordad que hay organizaciones a las que les gusta infiltrarse en otras.

La nube

Al igual que en el caso de las comunicaciones, primero de todo debemos valorar qué información necesitamos tener almacenada en la nube. Quizás ni necesitamos una nube. Si la utilizamos, debemos intentar, de nuevo dentro de las posibilidades de la organización, usar tecnologías seguras. Recordemos que sigue existiendo la posibilidad de compartir documentos físicos, y que dependiendo de lo que hagamos puede que los beneficios y comodidades de hacerlo en la nube no compensen los riesgos.

Además, al igual que con las comunicaciones, debemos evitar subir a la nube toda información innecesaria, y que a veces subimos sin darnos cuenta, o sin pararnos a pensar que no tienen por qué tenerla todos los integrantes de la organización, siendo mejor enviarla por privado.

El teléfono

El teléfono es un dispositivo que normalmente usamos tanto para comunicarnos como para conectarnos a la nube, o para almacenar información, que en parte adquirimos a través de la cámara o del micrófono. Por eso, es un dispositivo muy crítico. Si alguien accede a nuestro teléfono podría acceder a los grupos de comunicación, a la nube, a los números de teléfono de las compañeras, a fotos, a audios, etc. De nuevo, dependiendo de la actividad de la organización, podemos molestarnos en ser más o menos cuidadosos, y sobre todo valorar qué tipo de información queremos guardar en el teléfono. ¿Necesitamos tener todas las fotos en el móvil o guardar a los contactos con la descripción ”Nombre Apellido Organización”? De igual forma, recordemos que podemos movernos sin móvil. ¡Quizás sea contraproducente llevarlo a determinados sitios! Por ejemplo, a una manifestación o acción que sospechamos que va a acontecer sin problemas, podemos llevarlo e incluso sacar fotos para después subirlas a redes sociales. Sin embargo, si sospechamos que puede haber cargas y detenciones, quizás sea mejor no llevarlo, ya que si nos detienen, acceder a un teléfono móvil es muy sencillo, y recordemos que estaríamos exponiendo a toda la organización. ¡Por no hablar de que nos podrían infiltrar el móvil!

Conclusión

Debemos tener especial cuidado en no transmitir información sin darnos cuenta, sobre todo información personal o comprometedora. Además, no debemos compartir en colectivo aquella información que únicamente necesita una persona.

Tenemos que tener presente a través de qué canal estamos comunicando la información, si se trata de un canal abierto, un canal de personas afines o uno privado. Para mantener la seguridad de cada canal, debemos ser conscientes de las personas a las que aceptamos en cada uno de ellos.

Por último, debemos intentar usar tecnologías seguras. Esto puede ser un esfuerzo grande para la organización, ya que puede haber muchas personas con limitación o reticencias a cambiar a este tipo de alternativas. Forzarlas puede crear reticencias e incluso abandonos. Por eso, las personas más concienciadas y con más conocimientos en esta área, deben fomentar, educar y acompañar en el uso de tecnologías seguras, valorando hasta qué punto vale la pena ir más rápido en el cambio para tener más seguridad, o más lento para no dejar a nadie atrás. No hay que olvidar que una cadena es igual de fuerte que su eslabón más débil, y de poco vale que como organización tengamos una alta conciencia sobre la soberanía digital, si luego dejamos atrás a las compañeras que no adquieren esa conciencia.

Existen varias páginas y foros con información sobre la autodefensa digital para organizaciones. Para las que quieran complementar información, una de ellas es esta: https://406.neocities.org/