Móviles y adolescentes¶
El impacto del acceso descontrolado y cada vez más temprano a móviles inteligentes con internet sin restricciones, está creando muchos conflictos y preocupaciones en la comunidad educativa y también en las familias.
Desde Enxeñería Sen Fronteiras, pensamos que la formación y la actitud de las progenitoras/tutores, junto con los centros escolares, es la clave para solucionar este problema social, un ejemplo de libro de cómo las “tecnologías extractivas” (hechas para hacernos pasar mucho tiempo delante de las pantallas y monetizar nuestra vida digital) nos cogen sin defensas.
No se trata simplemente de manejar conceptos como DNS o control parental. Si nos limitamos a todo este arsenal técnico, sin trabajar las actitudes y valores más profundos de las niñas y adolescentes, será como poner puertas al mar. Conseguiremos, eso sí, una generación impresionante de hackers, expertas en saltarse todas esas barreras.
Desde las familias, hay dos bases importantes sobre las que trabajar, y nos parecen elementos que influyen de manera determinante en cómo podemos educar mejor digitalmente (y también en otros ámbitos) a niñas y adolescentes.
La primera de ellas es dar ejemplo. Si no hay acción ejemplar en casa, será complicada la formación de las adolescentes, que suelen señalar también a las personas adultas de su entorno como malas usuarias de los teléfonos inteligentes. Y los datos no les quitan la razón… Es común que las jóvenes tiendan a tener comportamientos en la línea de lo que ven en su hogar. Si hay un uso excesivo e inadecuado del móvil (a horas intempestivas, dejando de lado la comunicación o las actividades con quienes tenemos alrededor), se sentirán legitimadas a usarlo también ellas, pensando además que pueden controlarlo.
La segunda es dedicar tiempo a nuestras niñas y adolescentes. Esto da para reflexiones más profundas sobre cómo está montado nuestro sistema socioeconómico, lo que nos demanda la máquina del extractivismo y lo que nos deja de fuerzas para los cuidados. Tal vez deberíamos darle la vuelta a las prioridades, pero eso muchas veces no está en nuestras manos, y tenemos que jugar con las cartas que nos tocan. Lo que sí podemos es no caer en esa exposición a pantallas desde muy jóvenes (incluso bebés), para que sea más fácil darles de comer, o que estén tranquilas en casa o en la cafetería, o en los viajes en coche... El camino largo es dedicarles tiempo, todo el que podamos, no sustituirnos por pantallas ni delegar la educación y el ocio en reels de redes sociales. También hablar desde pequeñas de estos temas de educación digital, sexual, etc.
El mundo digital está ahí, es una realidad más (antes solo teníamos la ”realidad real”), y no podemos obviar la acción ejemplar que tenemos que tener también en casa, ni tampoco crear burbujas artificiales a la gente joven. Por mucho que se consiga un pacto para el no acceso a smartphones hasta los 16 años, o restringir el uso de las redes sociales hasta esta edad, la educación digital tiene que venir desde mucho antes para que luego cuando tengan acceso a él no estén indefensas. Para eso también tenemos que revisarnos como adultas. Lo ideal, ciertamente, es retrasar lo posible el acceso libre a internet con estos dispositivos, pero hablando de las razones con las afectadas, aprendiendo formas de poner límites, cultivando la corresponsabilidad y conociendo más de temas técnicos para protegerse. También, por qué no, participando en movimientos de profesorado y progenitoras que trabajan por llevar al debate social y a las políticas públicas ese acceso paulatino y con sentido a los smartphones.